Mira lo que quieres creer

Este texto lo publiqué en marzo de 2016 aunque lo llevaba en mente desde la Navidad anterior.

Y los que me conocen saben que durante mucho tiempo las Navidades y yo no fuimos amigos. Sin embargo, se produjo un cambio. Cuando en mi proceso de desarrollo personal aprendí que si tú cambias todo cambia las cosas, curiosamente, empezaron a cambiar.

El texto decía:

Dejadme que os cuente una historia…

De todos es sabido que Twitter es un microblog. Allí también nos podemos expresar, pero con la limitación de usar sólo 140 caracteres. Y es por ello por lo que la tarde de la Nochebuena tuve que recortar un tuit al que andaba un tiempo dándole vueltas y que quería publicar especialmente esa tarde.

Llevaba muchos años odiando la Navidad. Pero odiándola con tanta fuerza que llegaba a caer enfermo. Volcaba en ella mis tristezas, mis enfados, la ausencia de la gente que he amado y que ya no está, los desplantes de otra gente que también he amado y están en otros lugares… En Navidad vivía los pensamientos negativos con más intensidad.

Sin embargo, este año todo había cambiado. Llevo mucho tiempo trabajando en conocerme muy bien para poder ayudar a los demás como coach. En ese trabajo personal de crecimiento descubrí (redescubrí) que ya no podré hacer nada por los que ya no están y que, en algunos casos, el “hueco” que han dejado es tan grande e importante que no podrá ser llenado por nada ni nadie. Pero es más importante centrarse en los que sí que están. Como todo en la vida, todo depende de cómo te lo cuentes. Los que están son los que son, y a ellos hay que cuidar. 

Teniendo esto presente, y queriendo lanzar mi  mensaje de Nochebuena, publiqué:

#nochebuena Algunos vacíos nunca podrán ser rellenados pero hay muchos huecos aún llenos que merece la pena cuidar (y lo acompañé de una foto mía con Panxo, en mi casa, felices, antes de salir para encontrarnos con los demás para cenar) –podéis verlo en https://twitter.com/RaulPlaOrti/status/680068102437093376 –

Y ahí parecía haber quedado la cosa. Es cierto que estoy más feliz que nunca, porque, tal y como publico constantemente en mi web de Facebook ( www.facebook.com/CoachingRaulPla ), estoy convencido de que la felicidad se puede entrenar y yo procuro hacerlo. ¿Que qué es la felicidad? Eso ya daría para mucho, y seguro que tú, que me lees, igual hasta no estabas de acuerdo conmigo. Cada uno tiene claro cómo es su felicidad.

Como iba diciendo: ahí parecía haber quedado la cosa. Espíritu navideño preparado (no fingido) y a la calle. Pasé una tarde agradable en familia, en mi pueblo, en Sueca, en su plaza (otro lugar que me hace feliz) y pude recordar momentos navideños vividos recientemente (no volvía desde que dejé de ser Concejal). Me sentí bien, y seguí siendo feliz.

Después, volvimos a casa, a la cena de Nochebuena, ese momento duro otros años, que a duras penas podía soportar, echando cuentas todo el rato de quién no está, la falta que me hacen… y sin echar cuentas ni velar por los que sí que estaban, cada año. Y, ¡sorpresa! Descubrí que aún se puede ser más feliz. Pero mucho, mucho, mucho más.

Y fui ahí donde cobró sentido el tuit que no pude publicar, el que ninguno de vosotros pudo leer porque 140 caracteres dan de si lo que dan de si. El tuit completo decía:

#nochebuena Los vacíos nunca podrán ser rellenados pero hay muchos huecos aún ocupados que merece la pena cuidar y también merece la pena soñar por los que aún pueden ser llenados…

Y en ello estamos, soñando… Por fin voy a ser tío del hijo de Marcos e Isabel. Antes de cenar la sorpresa saltó y nos lo contaron. Fue un momento feliz. Ahora siento como que cierro un ciclo: mi hermano definitivamente crea su familia y yo estoy muy orgulloso de él. Ha sido un camino difícil, pero llevado dignamente. Yo ahora sólo puedo darles las gracias, a los dos, por llenar un hueco más, por hacernos soñar… Hoy mismo se ha confirmado que va a ser niña, ¿qué más puedo pedir? En Fallas, el día de la plantà planto yo mi ilusión para el próximo año: salir en la Ofrenda, con Marta, mi ahijada en brazos. Y ese día rozaré el cielo. Pero mientras cada día viviré lo aprendido: vive el momento, el presente, hazte tu hueco, tu vida, la que tú vives y nadie más. Cambia, se puede. Y con ello, todo lo demás cambia.

¿Veis? Es cierto: cuando uno cambia, todo lo demás cambia. Es cuestión de creer en ello. No es aquello de “sólo creo lo que veo”, sino que hay que darle la vuelta y “ver lo que queremos creer”.

Y esta es la historia que os quería contar, la historia feliz del padrino más dichoso del mundo.

¡Gracias a la vida por el aprendizaje! (Dar gracias es otra forma de entrenar la felicidad que os recomiendo de manera especial)

Como veis, lo de “entrenar la felicidad” viene de hace tiempo 😉

Y tú, ¿cómo lo ves? ¿te ha sucedido que cuando te has recolocado lo demás también lo ha hecho? ¿quieres comentar alguna cosa sobre lo expuesto? Estaré encantado de ver qué piensas, cómo te sientes. El resto de los lectores también lo estará. Entre todos creamos y aprendemos juntos, “cerebrando nuestra felicidad”.

¡Ah! Por cierto, la historia acabó con que no era un hijo, era una hija: ¡Marta! Soy un tío feliz. Y ya vamos por el segundo, esta vez un niño: Marcos. Quizás algún día os los presente…

Puedes dejar tus comentarios a tu continuación. Seguro que alguna respuesta obtienes J

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